
Dicen que si tuviéramos a nuestro alcance un botón para disparar el centro de placer en nuestro cerebro lo apretaríamos sin parar hasta morir en euforia, que los humanos no tenemos límite para buscar esas emociones y que haríamos lo que fuera por mantenernos sobre esa ola de satisfacción. El cine ya ha explotado esa perversa necesidad cientos de veces, sólo basta ver Strange Days, Until The End of The World y la serie de televisión Alice para la fijación con ese punto en el hipotálamo, sin embargo las representaciones visuales de lo que podría ser ya no son suficientes para la industria, necesitan ir un paso más allá para encontrar la vía rápida hacia ese botón de emociones.